León, «orgulloso y feliz» con 90 años en su platanera

𝗟𝗲𝗼́𝗻 𝗦𝗮́𝗻𝗰𝗵𝗲𝘇 𝗣𝗲́𝗿𝗲𝘇, agricultor de La Palma, a sus 92 años aún se levanta cada día con la ilusión de ir a la platanera familiar para ayudar a su hijo. Lleva casi medio siglo cultivando plátanos canarios, una labor que no quiere dejar por nada del mundo. Y deja bien claro por qué: "La agricultura es mi vida, me ha dado felicidad y me ha dado el sustento; por lo que estoy orgulloso de ser agricultor". Este veterano del campo palmero vive donde nació, en Argual (en Los Llanos de Aridane). Allí recibió al Programa Enseñas Patrimonio con los brazos abiertos para enseñarnos la cultura del plátano y contarnos una larga vida. Así, con él la conversación, como el barco que le llevó a América de joven en difícil travesía, navega por las estrecheces de la posguerra civil en España (recuerda "el hambre que pasó mucha, mucha gente"), la aventura de la emigración a Venezuela (allí estuvo 9 años), el esplendor del cultivo del plátano en La Palma y sus dificultades en la actualidad, tres erupciones volcánicas (la última, catastrófica, en 2021) y 60 años de amor con su esposa, ya fallecida, con quien tuvo dos hijos.   La entrevista tiene como marco la plaza principal de Argual y la cercana finca agraria que cultiva su familia desde hace más de 200 años, donde nos explica algunos de los cuidados que necesita el plátano canario para que pueda dar el apetecible sabor que lo ha hecho famoso. Además de agricultura, …

𝗟𝗲𝗼́𝗻 𝗦𝗮́𝗻𝗰𝗵𝗲𝘇 𝗣𝗲́𝗿𝗲𝘇, agricultor de La Palma, a sus 92 años aún se levanta cada día con la ilusión de ir a la platanera familiar para ayudar a su hijo. Lleva casi medio siglo cultivando plátanos canarios, una labor que no quiere dejar por nada del mundo.
Y deja bien claro por qué: «La agricultura es mi vida, me ha dado felicidad y me ha dado el sustento; por lo que estoy orgulloso de ser agricultor».
Este veterano del campo palmero vive donde nació, en Argual (en Los Llanos de Aridane). Allí recibió al Programa Enseñas Patrimonio con los brazos abiertos para enseñarnos la cultura del plátano y contarnos una larga vida.

Así, con él la conversación, como el barco que le llevó a América de joven en difícil travesía, navega por las estrecheces de la posguerra civil en España (recuerda «el hambre que pasó mucha, mucha gente»), la aventura de la emigración a Venezuela (allí estuvo 9 años), el esplendor del cultivo del plátano en La Palma y sus dificultades en la actualidad, tres erupciones volcánicas (la última, catastrófica, en 2021) y 60 años de amor con su esposa, ya fallecida, con quien tuvo dos hijos.

 

La entrevista tiene como marco la plaza principal de Argual y la cercana finca agraria que cultiva su familia desde hace más de 200 años, donde nos explica algunos de los cuidados que necesita el plátano canario para que pueda dar el apetecible sabor que lo ha hecho famoso.

Además de agricultura, filosofa sobre la vida, pues ha cosechado una piña de vivencias ya tan grande que hay conclusiones para él inapelables, como que lo más importante de todo es «la honradez», y, en el amor, «hablar siempre «para resolver los problemas y «jamás tratar a la otra persona como una sirvienta o un esclavo» .

Tras las reminiscencias de su nombre fiero se esconde un hombre tierno y sentimental que nos emociona mostrándonos el patrimonio de la memoria, suya pero también la de una generación que luchó mucho por legar un mundo mejor a sus descendientes, un empeño que, 92 años después de nacer, aún parece mover sus pasos dentro y fuera de la platanera

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