Roseteras, «orgullosas» de una tradición canaria recuperada

María Estévez Díaz, de 14 años, y su abuela Paqui Martín , Ángeles García, Ángeles Santos, Miguelina Mirabal, Elena Herrera y Carmen Gómez, alumnas de Antonio Rodríguez nos cuentan su experiencia en el aprendizaje de esta artesanía en camino de ser BIC

La roseta canaria es el único encaje de origen español, un patrimonio cultural que estuvo a punto de desaparecer pero que se ha recuperado en Tenerife y Lanzarote. En esta ocasión Enseñas Patrimonio conversa con siete alumnas de un curso impartido en Candelaria (Tenerife) por el artesano Antonio Rodríguez, rosetero y uno de los artífices de que esta tradición haya llegado a nuestros días.

Mientras hacen rosetas, nos cuentan sus vivencias y sentimientos con esta artesanía María Estévez Díaz y su abuela Paqui Martín Fumero, Ángeles García Sánchez, María de Los Ángeles Santos, Miguelina Mirabal, Elena Herrera Fernaud y María del Carmen Gómez Pérez. Todas ellas muestran su orgullo por ser mantenedoras de este encaje de aguja con siglos de historia en trámite de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC).

Nacida en Canarias, la roseta llegó a América de manos de los emigrantes isleños, una interesante historia que ya nos explicó Antonio Rodríguez en un documental anterior de Enseñas Patrimonio:Este reportaje recoge los testimonios de varias artesanas roseteras de Tenerife, alumnas del maestro Antonio Rodríguez, en una entrevista realizada por el programa Enseñas Patrimonio, promovido por la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias. La entrevista se llevó a cabo en la Escuela de Alfarería de Candelaria (Tenerife)

María Estévez, de 14 años, y su abuela Paqui Martín.

A María Estévez, de 14 años, le enseñó su abuela a hacer rosetas, y ahora está ilusionada con “continuar una tradición que viene de los antepasados, para que no se pierda”.

Su abuela, Paquí Martín Fumero, aprendió ayudando a su madre y a su abuela en Ifonche (Adeje), donde nació, una zona en la que “todas las mujeres hacían rosetas”.

“Muchos kilitos de gofio compró mi madre haciendo rosetitas, pues mi padre emigró y murió con 38 años, y ella se quedó sola, sin trabajo y sin dinero”, recuerda Paquí.

Lleva su pique —la base sobre la que se elaboran las rosetas— a todas partes, y cuando le preguntan, responde “con mucho orgullo” en qué consiste lo que hace.

Esta artesana quiere que no se pierda la tradición. Por eso anima no solo a su nieta María, sino también a un nieto de 17 años y a su hijo de 50, porque considera que hoy en día no debe ser solo cosa de mujeres. “Antes no estaba bien visto que un hombre hiciera rosetas, y quien lo hacía tenía que hacerlo a escondidas, dentro de la casa”.

Ángeles Sánchez

Ángeles García Sánchez aprendió de la abuela de su marido, que vivía en La Escalona (Vilaflor) y deseaba transmitir este conocimiento. Se trata de un encaje que a su familiar le había ayudado a sobrevivir junto con el trabajo en el campo, ya que enviudó muy joven, con tres hijos.

“Es una artesanía muy relajante, muy bonita, muy delicada; me da alegría y me da vida, por lo que es una pena que esto se pierda. Hay que conservarla”, afirma Ángeles.

Además confiesa su admiración por “la capacidad de esas mujeres de antes que, pese a ser analfabetas, eran capaces de hacer estos trabajos que son puras matemáticas”.

María de los Ángeles Santos, de Santa Cruz de Tenerife, comenzó a hacer rosetas casi por sorpresa, cuando en en septiembre de 2015 fue convocada por Antonio Rodríguez, junto a otras personas que tampoco conocían el oficio, para elaborar un traje de una candidata a Reina Infantil del Carnaval 2016 en la capital tinerfeña.

El diseño, obra de Eduardo Martín, acabó ganando el preciado cetro.

Antonio Rodríguez, junto a la Reina Infantil del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2016.

Para ella, es mucho más que artesanía: “Me ha servido de terapia, para salir de los problemas cotidianos; te olvidas de todo».

Se siente “muy orgullosa” de este patrimonio y del trabajo realizado por Antonio Rodríguez para mantener viva esta tradición en las futuras generaciones.

Miguelina Mirabal.

Miguelina Mirabal recuerda cómo su abuela, que era palmera, hacía rosetas con gran destreza. Sin embargo, no fue hasta hace poco cuando decidió hacer un curso y aprender.

Ahora se muestra “muy orgullosa” de poder elaborarlas y de contribuir a su transmisión a las siguientes generaciones, “porque no se debe perder”.

Elena Herrera.

Elena Herrera Fernaud rememora que su abuela intentó enseñarle a bordar al estilo palmero, pero nunca aprendió. Hoy, sin embargo, se muestra “muy contenta” de haber aprendido con Antonio Rodríguez. “Si él no se hubiera dedicado a enseñar a hacer rosetas, probablemente ninguna de nosotras hubiéramos retomado o conocido esta artesanía”, asegura.

Para ella, elaborar estos encajes le aporta “calma”, porque requiere “concentración”.

María del Carmen Gómez.

María del Carmen Gómez Pérez, que imparte clases de bordado palmero, confiesa que a ella misma le sorprende haber realizado estos encajes tan elaborados, aunque matiza, con sonrisa socarrona: “Claro, con la ayuda del profesor”, Antonio.

Aprendió a hacer sus primeras rosetas en La Palma y luego con una artesana de Lanzarote, Espirenia. Nos habla mientras trabaja sobre su pique de Lanzarote, distinto al que se utiliza en Tenerife.

Antonio Rodríguez.

El maestro de todas ellas, Antonio Rodríguez, a quien Enseñas Patrimonio ya dedicó un vídeo anterior, explica que en el año 2000 la roseta estaba “prácticamente extinguida”, pero ha podido recuperarse en Tenerife y Lanzarote gracias al apoyo de instituciones públicas, colegios y asociaciones. Por eso, considera que la próxima declaración de la roseta como Bien de Interés Cultural (BIC) constituirá un “reconocimiento importante” a una labor colectiva que se ha mantenido durante siglos.

“Yo me considero depositario de un conocimiento que viene de mis antepasados y de tantas artesanas que trabajaron ahí, y me parece injusto que el día que yo me vaya, me lo lleve conmigo. Yo he aprendido de ellas, tengo el conocimiento de ellas y siento la obligación de transmitirlo para que esta artesanía pueda seguir adelante”.

TEXTO: VICENTE PÉREZ LUIS

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