Excavado en la toba, los aborígenes tallaron un complejo ritual bajo las estrellas. Un espacio para lo sacro, para el rito y, quizás, para entender el cielo que les rodeaba
Localizada en el municipio de Artenara, la Zona Arqueológica de Risco Caído abarca, dentro de su área de delimitación, cuevas de habitación, petroglifos y explotaciones agropecuarias junto a otros conjuntos de elementos patrimoniales etnográficos.
La primera idea que podemos extraer del espacio patrimonial de Risco Caído es que se trata de un paisaje cultural que nos muestra los esfuerzos de adaptación de los aborígenes grancanarios a un entorno montañoso y complejo.
Este proceso, en relación con los recursos existentes, nos muestra rasgos básicos de la cultura ancestral canaria: una simbiosis con el entorno natural y la conciliación de su cultura con los recursos básicos presentes dentro de una situación secular de aislamiento.
La segunda idea es el propio valor del paisaje. Cuenta con toda una serie de protecciones administrativas y legales del área núcleo que abarca 9.425 Ha incluyéndose, de esta manera, en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Canarias como:
– Parque Rural y Monumento Natural (Roque Nublo).
– Reserva Natural (Tamadaba, Inagua y Pajonales).
– Paisaje Protegido (Las Cumbreras).
– Catalogada como Zona Especial de Conservación (ZEC) de la Red Europea Natura 2000
– Incluida en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria declarada en 2005 por la UNESCO, Reserva y Destino Starlight (iniciativa para proteger los cielos oscuros de la UNESCO).
Todo ello en relación con sus valores de biodiversidad y en busca de una disminución de la presión antrópica en aras a su estado de conservación. La zona tiene ciento sesenta y tres taxones endémicos de las Islas Canarias (ciento treinta especies y treinta y tres subespecies) de los que veintiocho están amenazados.
Esto finalmente culminó con el informe de protección elevado al ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) por parte del IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) para la constitución de Risco Caído como Patrimonio de la Humanidad.
También hay que subrayar que el lugar fue escogido exprofeso por la comunidad aborigen dado que no eran cuevas naturales: el conjunto de Risco Caído son veintiún cuevas excavadas en la toba volcánica. Es decir, la población que eligió ese espacio para la vida lo hizo con relación al sitio o territorio en sí y eso pese a que éste no le ofrecía techo o cobijo. Construyeron sus espacios de hábitat en la roca de la misma manera que se observa en otros múltiples ejemplos análogos en toda la isla.
Nuestros canarios ancestrales carecían de metales por lo que excavaban aquellas piedras volcánicas menos firmes y porosas como la toba. Lo hacían con una estrategia que combinaba el uso de herramientas líticas de naturaleza más dura que la toba (fundamentalmente basalto) con la incisión en la piedra del contorno a trabajar, continuando con el desbaste a golpes, la extracción y rebaje, la abrasión y el vaciado y retoque final hasta culminar el espacio adecuado.
El nivel de perfección técnica y arquitectónica que se alcanzó en Risco Caído es tal que algunas de las cuevas tienen techos en forma de cúpulas con una altura de hasta 4 m, otras cámaras anexas a las principales, vados, puertas, pasillos etc…
Por otra parte, la gestión de los recursos en el pasado por parte de la comunidad aborigen nos lleva a ver el desarrollo progresivo de una economía agropecuaria basada en unas determinadas especies vegetales (cebada, trigo, lentejas, arvejas…) y en el ganado menor (cabras y ovejas junto a cerdos) unido a la recolección de otros productos como frutos, bayas o tubérculos.
Privados del ganado mayor (vacuno y équidos), tuvieron que trabajar los campos sin la ayuda de lo que autores como Antonio Macías llaman “tractor neolítico” lo que ampliaba esfuerzos y reducía la productividad. Aparte, obviamente, del propio aprovechamiento de los recursos procedentes de los lácteos, carnes, cuero y partes óseas de estos grandes mamíferos. (Véase bibliografía recomendada).
La gestión del agua también es otro de los elementos que se pueden observar tanto en el paisaje cultural de Risco Caído como en el resto de los espacios patrimoniales isleños: piletas, aljibes, eres, el uso del masapé (arcilla poco permeable) eran parte de las estrategias para asegurarse el abastecimiento hídrico. Los asentamientos en las cercanías o en los propios cauces de los barrancos son el ejemplo fundamental de la respuesta a un problema esencial.
En las mismas expresiones cultuales relacionadas con los ritos como son los canales y las cazoletas se desprende la relación crítica de los aborígenes con este problema. Este hecho tiene su analogía con la existencia de “baladeros” o “bailaderos” que son los espacios donde se realizaban ritos propiciatorios en relación con la cría de los ganados.
Pero la gran cuestión en relación con Risco Caído es el posible uso o función como santuario astronómico de la Cueva Nº 6, donde los aborígenes habrían dispuesto un conjunto de marcadores que le permitirían interpretar el cambio entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano.
Por medio de un haz de luz solar que penetraría en la cueva y que iría desplazándose por una serie de petroglifos excavados en la pared, los aborígenes habrían creado una especie de “calendario astronómico” que determinaría el cambio entre equinoccio y solsticio. Estos petroglifos se realizaron con la técnica de la incisión y picado y sus formas son geométricas, fundamentalmente los llamados «triángulos púbicos».
La presencia de triángulos púbicos como expresiones rupestres de la cultura aborigen de Gran Canaria viene siendo analizada y estudiada desde el siglo XIX en espacios como Las Cuevas de Lezcano en Teror (cuarenta petroglifos de este tipo), Cueva grabada del Barranco de Silva en Telde, Morros de Ávila/Morro del Cuervo en Agüimes y Cueva de los Candiles, Cuevas del Caballero, Cueva del Cagarrutal en Artenara, aparte de la citada Risco Caído. Las representaciones rupestres en las cuevas convierten a éstas en espacios rituales y simbólicos relacionados con la fertilidad.
La citada cueva es la que alberga la gran cúpula anteriormente comentada. El trabajo de excavación de los aborígenes incluyó la conformación de la planta de la cueva con una tendencia circular y su suelo está plagado de canales excavados sin uniones entre sí.
Otras cuevas, como la Nº 7 y la 11 (ésta conocida como Cueva de la Paja) también tienen excavadas en su suelo un gran conjunto de canales así como triángulos en sus paredes. Las de la Cueva Nº 7 parece que, incluso, estuvieron pintadas.
Aparte de estos petroglifos descritos aparecen otras estructuras excavadas como hornos y hornacinas seguramente de tiempos postconquista.
Hay que señalar que existe una corriente de autores que cuestionan esta interpretación de la Cueva Nº 6 como santuario u observatorio astronómico aunque sin negar el significado cultual o ritual del espacio. (Véase bibliografía recomendada).
Entra dentro de lo posible que Risco Caído pudiera haber formado parte del legendario poblado de Artevirgo (o Artebirgo). Sitios como Lugarejo, Barranco Hondo y Juncalillo también se identifican con este gran espacio aborigen que diversos autores identifican con el actual territorio municipal de Artenara.
De esta manera, en conjunto, vemos que el poblado de Risco Caído alberga no sólo la presencia de un número considerable de cuevas de habitación excavadas, lo que supone un esfuerzo y una estrategia de vida considerables por parte de los aborígenes que decidieron asentarse en ese espacio. Es que, además, vemos que existe una plasmación de elementos culturales muy probablemente relacionados con el culto y con el control de los tiempos de la vida y las estaciones. Todo ello, además, en relación con la explotación de los recursos del entorno dentro de los parámetros de la cultura ancestral canaria, integrada en el medio.
Esto nos muestra una identificación de esta población con un territorio en el que reflejaron sus inquietudes, expresiones y su forma de vida y cultura.
Es por esto por lo que, en el 2017, se inician los trámites por parte del Consejo de Patrimonio Histórico de España que aprobó que la candidatura “Paisaje Cultural de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria” fuera presentada oficialmente a la UNESCO para su consideración en relación con su valor cultural y paisajístico.
Se justificaba, bajo los criterios de la propia UNESCO, en que se trataba de un ejemplo extraordinario de una cultura extinta, adaptada a su entorno, con importantes elementos culturales que conjugaban lo astronómico y troglodita y, además, en un entorno insular de aislamiento. Además, mostraba la continuidad de las prácticas tradicionales en el entorno a lo largo del tiempo, especialmente aquellas relacionadas con lo rural.
Finalmente, fue declarado oficialmente Patrimonio Mundial el 7 de julio de 2019 durante la 43ª reunión del Comité de Patrimonio Mundial en Bakú, Azerbaiyán.
Bibliografía recomendada
BARRIOS-GARCÍA, J. 2017: “Algunas consideraciones sobre las políticas de protección del patrimonio arqueoastronómico de Gran Canaria: los casos de Cuatro Puertas y Risco Caído” XXII Coloquio de Historia Canario-Americana.
GIL-HERNÁNDEZ, R. 2021: “Grabados de diferencia sexual. Los triángulos púbicos de Risco Caído y el feminismo descolonial”. Anuario de Estudios Atlánticos; nº 67.
Informe ICOMOS, 2016: “Risco Caido and the Sacred Mountains of Gran Canaria Cultural Landscape (Risco Cáido, Spain, Nº 1578)”. UNESCO.
Informe IIPMRBGC 2022: Plan Integrado de Gestión del Paisaje Cultural de Risco Caído y Montañas Sagradas de Gran Canaria 2022-2025. Instituto Insular para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. Cabildo de Gran Canaria
LÓPEZ-PEÑA, F.; CUENCA-SANABRIA, J.; GUILLÉN-MEDINA, J. 2004: “El triángulo púbico en la prehistoria de Gran Canaria: nuevos hallazgos arqueológicos”. XV Coloquio de Historia Canario-Americana.
MACÍAS-HERNÁNDEZ, A. 2024: Los aborígenes canarios. Tres milenios de historia. Ed. Artebirgo.
Webgrafía
Cabildo de Gran Canaria. Patrimonio Histórico.
Centro de Interpretación de Risco Caído.
Gobierno de Canarias. Recursos Educativos 1.
Gobierno de Canarias. Recursos Educativos 2.
Ubicación
La Zona Arqueológica de Risco Caído se sitúa en el centro montañoso de Gran Canaria, en un relieve complejo compuesto de acantilados, riscos y barrancos. Las rocas son coladas y materiales piroclásticos. Se asienta sobre dos grandes unidades geomorfológicas: La Meseta y Lomo de la Punta. Estas están separadas entre sí por el cauce del Barranquillo de los Linderos. Al Norte del conjunto se encuentra el Barranquillo del Pocillo, cuya erosión ha provocado la delimitación de estas unidades geomorfológicas. Los escarpes de ambas han dejado al descubierto un potente estrato de toba volcánica bajo un aglomerado volcánico de la serie Roque Nublo.
Esa geología volcánica y la topografía escarpada generaron suelos variables (delgados en las laderas, más acumulados en terrazas naturales y valles) y microclimas locales que han influido en la vegetación y en las prácticas agrícolas tradicionales.
Por ello, el área forma parte de un espacio de gran biodiversidad. Aparecen tanto comunidades vegetales de montaña como matorrales, pastizales de media montaña y en las cotas altas formaciones de pinar canario (Pinus canariensis). Se observa la acción antrópica y la explotación de los fértiles terrenos del territorio por la presencia de caminos pastoriles, terrazas de cultivo o bancales y la menos conservación de los rodales forestales y comunidades propias del piso de transición entre el monteverde residual y el montano seco-subhúmedo ya que la Zona Arqueológica se encuentra a una altitud de 900–1.200 m.s.n.m.
Descripción de los bienes culturales
El patrimonio arqueológico de Canarias está integrado por los bienes muebles e inmuebles pertenecientes a las poblaciones aborígenes de Canarias, cuyo estudio exige la aplicación de metodología arqueológica y que se encuentren en la superficie, subsuelo, medio subacuático o hayan sido extraídos de su contexto original.
La Zona Arqueológica de Risco Caído es un conjunto troglodita integrado por un total de veintiuna cuevas excavadas en un gran sustrato de toba de uso tanto habitacional como cultural/cultual.
Este conjunto troglodita fue reutilizado hasta épocas recientes como área de almacenaje para aperos, pajeros y rediles de ganado. Su no reutilización como área habitacional ha permitido una integridad estructural de los espacios excavados y la excelente preservación de sus manifestaciones rupestres.
Estas citadas manifestaciones rupestres consisten fundamentalmente en un gran número de triángulos invertidos vaciados en bajorrelieve, con y sin señalización del vértice inferior, así como cúpulas circulares en las paredes y cazoletas excavadas en el suelo. Este tipología de petroglifos se relacionan con creencias mágico-religiosas vinculadas a cultos de fecundidad-fertilidad en las sociedades agropastoriles y, en concreto, a las poblaciones aborígenes canarias.
En la Cueva Nº 6 se produce, entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano, un fenómeno lumínico consistente en la entrada de un haz de luz del sol naciente a través de una oquedad. Este haz va recorriendo un amplio panel de grabados rupestres, fenómeno que puede ser interpretado desde los paradigmas de la arqueoastronomía como un marcador astronómico equinoccial.
La descripción de los elementos patrimoniales que alberga el conjunto troglodita de Risco Caído es la siguiente:
– Unidad Nº 6: ubicada en La Meseta, constituye uno de los exponentes más importantes de las antiguas culturas que habitaron las islas antes de la conquista, tanto por su significado, como por su perfección constructiva. Se trata de una cueva artificial, excavada, con un labrado complejísimo.
Presenta una planta de tendencia circular, con las paredes curvadas y el techo labrado hasta llegar a formar una forma de casquete esférico apuntado a modo de cúpula a más de 4 m de altura. En el lado Este de la cúpula se abre la citada oquedad rectangular orientada al naciente, por la que penetra la luz. La cueva presenta dos huecos de acceso, uno de ellos de 2,50 m de ancho, está orientado a 90º Este, actualmente sellado por un muro de piedra seca.
En las paredes laterales de esta entrada existen unos rebajes que parecían corresponder a la instalación de una puerta. El segundo hueco de acceso se abre a 190º Sur aunque, presumiblemente, sería de etapas más recientes dado que su construcción afectó a parte de los grabados rupestres. A este acceso se llega por otra cueva-pasadizo de tendencia globular que mide 4,50 m de fondo por 2,95 m de ancho y 2,05 m de alto.
A la derecha del acceso Este se excavó otra pequeña dependencia de planta cuadrangular y de unos 2 m de profundidad, que hace que el ancho máximo mida 6,30 m en ese punto, por 4,90 m de profundidad, con una altura máxima cercana a los 4 m.
Las paredes interiores presentan tres hornacinas (huecos en la pared) labradas de diferentes tamaños que se encuentran ennegrecidas por el humo producido por la combustión de tea. El suelo de la cueva está labrado y nivelado, presentando un sistema complejo de cazoletas de tendencia circular, sin conexión entre sí y cuya mayor concentración se encuentra localizada al pie de los grabados.
En la pared Oeste aparece una composición formada por unos treinta grabados de motivos triangulares de tendencia equilátera con el vértice superior invertido, que forman dos hileras paralelas asociados a numerosas cúpulas artificiales, algunas de las cuales aparecen selladas con piedras y sobre estas un mortero de argamasa blanca. En la misma pared se encuentran otras dos grandes hornacinas.
En la pared derecha aparece un grabado triangular de la misma tipología que los anteriores. Igualmente se localizan otros dos motivos triangulares en la pared izquierda junto al hueco de acceso del lado Sur que presumiblemente interrumpió una serie de petroglifos numéricamente mayor.
Los grabados fueron realizados mediante incisiones profundas para marcar los contornos de las figuras y seguidamente se procedió al rebaje mediante el picado de la superficie interior hasta lograr un motivo en bajorrelieve.
– Cueva Nº 7: también ubicada en La Meseta. La de mayor tamaño del conjunto. Se encuentra a unos 3 m en dirección Sur de la cueva Nº 6. Se trata de una cueva excavada, de planta de tendencia cuadrangular, de techo, suelo y paredes rectas debido a un minucioso trabajo de labrado. Mide 7,50 m de fondo por 5,76 m de ancho y 3,50 m de altura. La entrada original de la cueva, orientada a 100º Este, es de grandes dimensiones, pues tiene casi el ancho y alto de la cueva. El techo, en su parte delantera, presenta una ligera curvatura a modo de sección de arco. En la pared Norte de esta cueva existe un vano de 2,20 m de ancho, por el que se accede a otra cueva de planta rectangular con dos cámaras.
La cueva principal tiene el techo y las paredes completamente ennegrecidas. El suelo original presenta un complejo sistema de cazoletas que fueron excavadas artificialmente, sin comunicar, de tendencia circular y diferentes profundidades y que ocupaba toda la superficie del suelo. Esto hacía imposible el tránsito en su interior por lo que, tras su reutilización posterior, se rellenaron a base de piedras.
Sus tres paredes muestran hasta un total de setenta grabados triangulares, similares a los anteriormente descritos y asociados a unas treinta cúpulas de diferentes diámetros. Se observa en una de sus paredes restos de pigmentos, lo que puede apuntar a que en el pasado aborigen estuvo pintada presumiblemente de color rojo.
– Cueva Nº 11, conocida como Cueva de la Paja: ubicada en el Lomo de la Punta. Se trata de una cueva excavada, de planta compleja, formada por varias cámaras o dependencias adosadas y comunicadas entre sí. La cámara principal, albeada con cal, contiene tres dependencias de planta cuadrangular, con las paredes, techos y suelos labrados. Mide 9,50 m de fondo por 8,16 m de ancho y tiene una altura media de 2,25 m.
La entrada de la cueva, que estuvo cerrada con puerta y bastidor de madera, está orientada al NE. Cerca de la entrada, en la pared derecha (Norte), existió un hueco de acceso, hoy sellado por un muro de piedra y barro, de 1,73 m de ancho por donde se accedía a una segunda cueva artificial que mide 6,70 m de fondo por 6,30 m de ancho y 2,20 m de altura.
La cueva principal presenta en el tercio inferior de la pared derecha (Norte de la cámara principal) diez grabados de triángulos equiláteros con el vértice superior invertido. Están realizados mediante incisiones profundas que remarcan el motivo y un picado o desbastado del interior de la figura que convierten los grabados en bajorrelieves. El triángulo mayor mide 36 cm de lado y 16 cm el más pequeño. Asociadas a éstos, aparecen cúpulas de diferentes tamaños pero de tendencia circular.
La dependencia que se encuentra al fondo Oeste de la estancia ha sido picada con el objeto de agrandarla por lo que, cabe la posibilidad, hubiera albergado grabados en sus paredes. El suelo de la cueva está oculto bajo una capa de cemento que hacía de pavimento, por lo que no podemos saber si en el suelo original de toba existieron cazoletas excavadas.
Amenazas
El paisaje cultural se encuentra en buen estado de conservación, aunque enfrenta diversas amenazas. La conservación es satisfactoria gracias a su ubicación aislada y a programas de reforestación. Las amenazas incluyen la presión del desarrollo de zonas próximas, ocupación ilícita de asentamientos, erosión y especies invasoras. Se han implementado medidas para gestionar el turismo y proteger la biodiversidad local.
La Ley 11/2019 de 25 de abril de Patrimonio Cultural de Canarias protege todos los Bienes de Interés Cultural con categoría de Zona Arqueológica para evitar su destrucción o deterioro y, con ello, la pérdida del valor patrimonial que tienen. (Para saber más pulsa aquí).
Delimitación
La descripción de la delimitación se ajusta a lo siguiente: haz click aquí.









