Recorremos este impresionante parque arqueológico ubicado en Gáldar de la mano del arqueólogo Valentín Barroso, codirector de la empresa que lo gestiona, Arqueocanaria.
Recorremos este impresionante parque arqueológico ubicado en Gáldar de la mano del arqueólogo Valentín Barroso, codirector de la empresa que lo gestiona, Arqueocanaria.
El cementerio aborigen del Maipés, en Agaete (Gran Canaria), sorprende al visitante por los valores arqueológicos, geológicos y paisajísticos que permite conocer y contemplar.
Con unas 750 tumbas, es uno de los mayores de Canarias. También es la mayor necrópolis tumular de Gran Canaria, aunque, tras la destrucción de su parte costera a mediados del siglo XX para la ampliación del núcleo urbano de Puerto de Las Nieves, tiene unas dimensiones similares a la de Arteara, en el municipio grancanario de San Bartolomé de Tirajana.

El impresionante camposanto ancestral situado a poca distancia del centro histórico de Agaete, se puede visitar, convertido hoy en día en el Parque Arqueológico del Maipés. Una reliquia de la cultura de los antiguos canarios que merece la pena visitar.
El arqueólogo Valentín Barroso es uno de los responsables de su conservación, como codirector, junto a Consuelo Marrero, de la empresa que gestiona este espacio, Arqueocanaria.
Este experto explica en un documental del Programa Enseñas Patrimonio los valores de este yacimiento, un audiovisual promovido por la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural, que se puede ver íntegro en Youtube:
Este especialista tiene un emotivo vínculo sentimental con este yacimiento, pues, como vecino de Agaete, él jugaba allí de niño y, andando el tiempo, se convertiría en uno de sus máximos defensores y divulgadores, y hoy uno de los responsables de su cuidado.
Esta necrópolis se asienta sobre un malpaís (de ahí su nombre, por evolución local de esta palabra) o colada volcánica de unos 3.000 años de antigüedad, y los enterramientos se realizaron hasta el siglo XI, según las dataciones efectuadas hasta ahora.
Algunas tumbas tienen 1.300 años y los mayores alcanzan hasta 8 metros de altura. La mayoría de los túmulos se remataban en la parte superior con varias piedras de colores.

En 1974 el yacimiento se declaró Bien de Interés Cultural (BIC) y, como explica Valentín Barroso, a su alto valor arqueológico se unen los de carácter geológico, por emplazarse este cementerio sobre las lavas del vulcanismo reciente de Gran Canaria, en medio de montañas millones de años mucho más antiguas, y por existir en su entorno las huellas visibles del gigantesco tsunami provocado por el derrumbe que originó el Valle de Güímar, en la vecina isla de Tenerife.
Este arqueólogo subraya la relación de este cementerio con el topónimo de unas laderas aledañas a la necrópolis, las Chobicenas (variante del vocablo aborigen ‘tibicenas’,» como llamaban los antiguos canarios a unos seres malignos, perros lanudos, que salían por la noche»).
Es importante destacar que este BIC sigue cumpliendo su función original de cementerio, pues, pese a los expolios -sobre todo en los siglos XIX y XX-, parte de sus tumbas contienen aún los restos de los difuntos para los que fueron erigidas








