El alfarero grancanario Delfín Díaz defiende que recuperar este legado cultural que nos viene del pasado aborigen pero también adaptarse a la demanda de la sociedad actual
El alfarero grancanario Delfín Díaz defiende que recuperar este legado cultural que nos viene del pasado aborigen pero también adaptarse a la demanda de la sociedad actual
Delfín Díaz Almeida nació en Montaña Alta, en el municipio grancanario de Guía. El barro formaba parte de su experiencia desde niño, porque es una zona muy lluviosa, y esa fue su primer contacto con esta materia.
Pero lo que le despertó su vocación de alfarero fue ver a las loceras de La Degollada de Hoya de Pineda, Gáldar, en una demostración en vivo que hicieron en una fiesta de su pueblo.

«Ahí me quedé enganchado, fue cuando descubrí el barro», afirma este artesano entrevistado en un documental de la serie Ciencia y Patrimonio, que presenta Eduardo Mesa, producido por el Programa Enseñas Patrimono, que promueve la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno canario.
Las primeras técnicas de loza tradicional canarias las aprendio en un taller de alfarería en el colegio de Montaña Alta, impartido por el maestro Roberto Pérez Silva, que hacía sus prácticas en ese centro. Posteriormente estudió estudiar en la Universidad Laboral, donde también fue alumno de un taller de alfafería y pudo visitar los centros alfareros aún activos en esa época.

«Conocí a Julianita, Panchito, Antoñita y, sobre todo, a Justo Cubas, que es el alfarero con el que más estuve, durante muchos años, del centro alfarero de Lugarejo, en Artenara», evoca. Delfín legó a trabajar como dibujante en el Museo Canario, al que se refiere como «el templo de la cerámica aborigen de Gran Canaria», lo que le permitió conocer de primera mano los restos arqueológicos y aprender los motivos decorativos, la tipología, los ídolos, las pintaderas.
«Para mi lo que vie en el museo era distinto a la cerámica tradicional que había conocido en esos centros alfareros, por lo que, al ver esa riqueza, hasta el día de hoy he seguido profundizando en ese legado».

Pero este artesano tiene claro que junto a la necesidad de rescatar la tradición para que no se pierda en el olvido, hay que actualizar el oficio: «Hay que tener en cuenta que el uso de esa alfarería acabó a mediados del siglo XX y el empleo de la loza de forma cotidiana desapareció para siempre. Entonces, hemos tenido que ir adaptándonos a otros nuevos usos que han surgido. En un primer momento, pasó a ser meramente decorativo, lo que hizo Eso que se bajara muchísimo la calidad porque se hacían piezas que ya los alfareros. Se perdió bastante el conocimiento de lo que había de ahí para atrás, sobre todo en el siglo XIX, en que aún había piezas de gran calidad».
De modo que Delfín se ha aplicado a recuperar esa calidad perdida, recuperar conocimientos y hacer productos de calidad para poder competir con la demanda actual, en la que es necesario el uso de esmalte.
«En el momento presente, hay que desarrollar nuevas técnicas, por eso estoy haciendo investigaciones con las arcillas, con los minerales, lo que nos daría la posibilidad de crear una cerámica actual propia, diferenciada, inspirada en ese todo ese bagaje del pasado», expone este artesano mientras hace una demostración de amasar y modelar el barro.
Le preocupa que en la actualidad ya son pocas las personas que mantienen el oficio de la alfarería tradicional, y por eso considera importante que desde las instituciones públicas se promueva su difusión «para que la sociedad canaria actual sepa valorar todo ese legado cultural tan valioso que tenemos».








