El artesano Antonio Rodríguez es uno de los artífices de la recuperación de la roseta en Tenerife
La roseta es un patrimonio cultural de Canarias. A comienzos del siglo XXI, esta técnica de encaje tradicional, la única de origen español, estaba casi desaparecida.
Gracias al trabajo de artesanos como Antonio Rodríguez y al apoyo de instituciones públicas, ha sido recuperada, especialmente en Tenerife y Lanzarote, y se tramita su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC).
Antonio Rodríguez, protagonista de este documental del programa Enseñas Patrimonio, aprendió la técnica de su familia, tanto en Arona como en Los Realejos: “Mis abuelas y mi madre», confiesa, agradecido, «nunca tuvieron reparo en enseñarme, aunque estaba mal visto en los hombres, que trabajaban a escondidas; pero yo nunca me escondí; y, afortunadamente, hoy los tiempos han cambiado”.

Se dedica de manera profesional a la artesanía desde 2015, tras participar en la elaboración de un traje con rosetas que ganó el concurso de Reina Infantil del Carnaval de 2016 en Santa Cruz de Tenerife.
En el vídeo explica la historia y técnica de la roseta, cuyos diseños han alcanzado gran complejidad y se han estudiado y divulgado incluso desde el punto de vista de la geometría y las matemáticas.
De Canarias al mundo
Hay constancia documental de la roseta en Canarias desde el siglo XVII, y luego se expandió a América (donde en Paraguay se llama ñandutí, palabra guaraní que significa «tela de araña»), Europa, Japón y Filipinas.
Durante el siglo XX, los calados y rosetas fueron una ayuda económica para muchas familias rurales.
«Pero los trabajos de aguja siempre estaban mal pagados, quienes realmente ganaban dinero eran los exportadores, por lo que, cuando llegó el turismo, las madres dejaron de enseñarlo a sus hijas, para que fueran a trabajar a los hoteles, donde ganaban mucho más».
Este rosetero lleva bordada la roseta en su alma: “Me considero depositario de un saber que no es mío, sino de todas esas mujeres que trabajaron esta artesanía, y siempre creí que sería injusto que, cuando yo ya no esté, no lo haya transmitido a otras personas», confiesa, con emoción contenida.
TEXTO, FOTOS Y VÍDEO: VICENTE PÉREZ








