Los inventarios arqueológicos de La Gomera o «pero, perdone que le interrumpa… ¿cuántos yacimientos arqueológicos hay en la isla?»

¿Cuántos yacimientos arqueológicos conocemos actualmente en La Gomera?

¿Cuántos yacimientos arqueológicos conocemos actualmente en La Gomera?

Hace varios días, uno de nosotros acudía a un programa de radio. Después de una serie de preguntas formales, la profesional de los medios preguntaba, como queriendo obtener el dato definitivo que coronara la entrevista: «Pero, perdone que le interrumpa… ¿Cuántos yacimientos hay en la isla?». En la cara de la periodista pudimos ver que no consiguió lo que buscaba. Y es que la respuesta no es tan sencilla.

Antes de tratar de responder a esta pregunta por escrito, primero creemos necesario establecer una aclaración semántica que es muy importante; esto es, la diferencia entre «hay» y «conocemos». Es decir, por un lado la diferencia entre lo que existe bajo tierra (¡y en el fondo marino!); la realidad objetiva, digamos, y que en su mayor parte no conocemos. Por otro lado, lo que conocemos hoy y tenemos inventariado. Entonces trataremos de acercarnos a una pregunta formulada nuevamente: ¿cuántos yacimientos arqueológicos conocemos actualmente en La Gomera? (Fig. 1).

Figura 1. Fíjate en los pequeños detalles… son muchos. Es la imagen parcial de un suelo de ocupación aborigen en una unidad arqueológica (UE6.1 Arqueometra 2021). En ocasiones las unidades arqueológicas o yacimientos, contienen la acumulación de muchos momentos de ocupación como este, formando extraordinarios reservorios de datos arqueológico

Emplearemos aquí los conceptos más extendidos en la profesión. Entonces, un yacimiento arqueológico es el lugar donde hoy quedan restos de actividad humana del pasado. Las huellas de dicha actividad, sea cual fuera su naturaleza, son objetos (desde una piedra tallada a materiales que no vemos a simple vista), estructuras (constructivas, sedimentarias, etc.) y restos medioambientales (semillas, carbones, etc.). Dicho esto, debemos explicar que un inventario arqueológico es el documento donde recogemos toda la información de la que disponemos sobre lugares arqueológicos o potencialmente arqueológicos; debe reunir exhaustivamente los datos que mejor definen a un yacimiento: su descripción, tipología, localización, conservación, etc.

Los inventarios arqueológicos son, en ocasiones, el resultado de un proyecto de prospección arqueológica1. En otros casos, un inventario puede reunir datos procedentes de varios proyectos tanto de gestión como académicos, de fuentes bibliográficas, documentales, orales, fotografías, etc.

Pero ¿qué son las prospecciones arqueológicas? Dentro de la disciplina arqueológica, los trabajos más generales que habitualmente se hacen en campo son las excavaciones y las prospecciones. Para entendernos, la prospección arqueológica es el trabajo encaminado a detectar yacimientos en un territorio determinado. Esto incluye labores tanto en campo como en laboratorio. No es, como imagina mucha gente «salir de pateo» a buscar yacimientos arqueológicos. No. (Fig. 2).

Figura 2. Lejos de lo que pude imaginarse, una prospección arqueológica implica mucho trabajo previo a las salidas de campo, Sobre todo en lo relacionado con las estrategias de prospección. Miembros de Prored Soc. Coop., Arqueometra y el Museo Arqueológico de la Gomera, preparando la última fase de prospecciones arqueológicaS en San Sebastián, 2021.

La prospección arqueológica estándar implica mucho trabajo previo de búsqueda bibliográfica, entrevistas con gente del lugar, la preparación de las fichas de inventario, estudios cartográficos y de fotografías aéreas, del espacio a prospectar: topónimos, vías de comunicación, etc; aparte del procedimiento para conseguir avales científicos de los participantes y las autorizaciones correspondientes (lo que llamamos burocracia). Posteriormente, hay que tratar los datos obtenidos durante el trabajo de campo en laboratorio y redactar todo para la memoria final, el documento que remata el proyecto.

Todo esto, dando por sentado que conoces perfectamente lo que buscas. Jamás irías a un supermercado a comprar tornillos ¿verdad? Optarías por una ferretería, ¿no? Pues la prospección arqueológica es igual: debes disponer de un conocimiento profundo de la cultura cuyos restos estás tratando de localiza 2. Y claro, entender y dominar el medio geográfico en el que debes moverte soluciona muchos problemas. Como te puedes imaginar, en La Gomera, el trabajo de campo es física y mentalmente muy exigente; las implicaciones aquí son muy distintas a una prospección arqueológica en Fuerteventura, o en la campiña cordobesa… ¡O en la selva panameña! (Fig. 3).

Figura 3. Las condiciones de lluvia, humedad, vegetación y topografía, junto con la existencia de animales peligrosos, etc., Además de las particularidades de la cultura chibcha, hacen de las prospecciones arqueológicas realizadas en el Parque Nacional Coiba (Ilean Isaza Aizpurúa, Panamá 2007), una actividad arqueológica muy distinta a la de otros lugares.

Llegados a este punto, debemos tratar los antecedentes que contextualizan y justifican la respuesta a la pregunta del comienzo. En realidad, podríamos considerar a la arqueología en La Gomera como una «disciplina joven» pues las noticias que tenemos sobre ella, antes de los años 70 del siglo XX, son escasas y están muy dispersas en el tiempo. Hablemos, entonces, de un libro.

El trabajo sin duda más importante que se ha publicado sobre arqueología de La Gomera hasta el momento es del profesor Juan Francisco Navarro Mederos: «Los gomeros. Una prehistoria insular». Bueno, en realidad fue su memoria de licenciatura, allá por 1975 (Contribución a la Carta Arqueológica de La Isla de La Gomera). La investigación se publicó diecisiete años más tarde, inaugurando la flamante colección Estudios Prehispánicos de la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Canarias, por lo que muchos datos fueron añadidos y otros renovados.

Esta publicación aporta muchas cosas a la arqueología de la isla. Se apoya sobre todo en el extenso trabajo de campo hecho durante más de dos décadas por Navarro Mederos, en unas condiciones que distan mucho de las actuales. Eran los tiempos de la llamada arqueología heroica, donde obviamente no existían ordenadores, ni teléfonos móviles, ni tablets: se trabajaba con fondos propios, casi no había carreteras siendo los tortuosos accesos por pistas o a pie (las carreteras de hoy día ¡son todo un lujo!) y las condiciones de vida eran, en general, penosas. En los años de los 70 y 80, la vecindad gomera era también más abundante, los campos estaban más trabajados y los hierros de los ganados se escuchaban por muchos barrancos.

Navarro Mederos recogió todas las aportaciones anteriores a él, que se inician desde el último tercio del siglo XIX con las exploraciones del doctor chasnero Juan Bethencourt Alfonso y, posteriormente, los lugares estudiados por Verneau, Diego Cuscoy o Pellicer. Pero para nosotros, quizás lo más importante de este libro es que destila una forma de entender la arqueología insular que podríamos denominar como territorial. Navarro hace una arqueología pegada al suelo de una isla que conoce bien: integradora y nada integrista. No deja atrás información útil para la interpretación con independencia de su fuente. Conecta datos procedentes de otras disciplinas científicas y esboza una realidad histórica y arqueológica que presenta con información veraz, orden y claridad (Fig. 4).

Figura 4. Juan Francisco Navarro Mederos y Javier Alom prospectando en zona de montaña (La Gomera o Tenerife, comienzos de los años 80). Una de las características del trabajo arqueológico de campo en Canarias durante esta etapa está relacionada con dificultades de todo tipo: financiación, desplazamientos, comunicación, registro, equipo humano, etc. Hoy los obstáculos son de otra naturaleza.

Más allá de los investigadores citados en el párrafo anterior, Navarro Mederos creó un contexto de trabajo arqueológico en La Gomera estable en el tiempo, hasta el mismo día de hoy. Algunos datos, hipótesis y aspectos teóricos y metodológicos del libro publicado en 1992 han ido quedando ya en el pasado (¡bien estuviéramos, si después de 30 años no hubiéramos avanzado!). Sin embargo «Los gomeros. Una prehistoria insular» esboza  líneas de trabajo que implican una ética y un posicionamiento ideológico al respecto, que se continúan proponiendo desde el Museo Arqueológico de La Gomera.

Una amiga me dijo una vez que la gente de la arqueología estábamos un poco «obsesionados» con las listas, relaciones, repertorios, series, inventarios, catálogos, enumeraciones, clasificaciones, registros… No le faltaba razón.

El primer inventario arqueológico de La Gomera, que se apoya sobre un proyecto concreto de documentación sistemática de una serie de yacimientos, después del trabajo citado, fue «Garajonay: Arqueología de las Montañas» (1994). Este proyecto investigaba las aras de sacrificio en La Gomera; sus excelentes resultados se publicaron años más tarde (Navarro Mederos et al., 2002). Al poco tiempo, entre 1995 y 1996, la Universidad de La Laguna llevó a cabo -con financiación de la Dirección General de Patrimonio Histórico (Gobierno de Canarias)- los primeros inventarios arqueológicos municipales de la isla: los de Alajeró, Valle Gran Rey y Vallehermoso4. Un poco más tarde, a fines de los años 90, se llevaron a cabo una serie de búsquedas de yacimientos dirigidas a completar el primer borrador del Plan Insular de Ordenación de La Gomera, que vería la luz en 1998; de esta forma se incluirían algunos nuevos yacimientos en los municipios que aún no habían sido prospectados: los de San Sebastián, Agulo y Hermigua.

Imaginemos ahora lo importante que es disponer de todos estos datos arqueológicos digitalizados. Pues bien, este costoso trasvase de información llegaría en el año 2001, financiado por el Gobierno de Canarias y de la mano del CICOP (Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio). Se aprovechó entonces, para mejorar la descripción de algunos yacimientos, del Inventario de Patrimonio Arqueológico de La Gomera y reajustar algunas referencias.

Figura 5. Juan Francisco Navarro Mederos y parte del equipo que trabajó en el proyecto Garajonay: Arqueología de las Montañas (1994).

Vale, pues tan importante es disponer de los datos descriptivos organizados digitalmente, como disponer igualmente de los yacimientos arqueológicos situados en cartografía digital5 (un SIG -Sistema de Información Geográfico-, para ser más precisos). Este gran avance, financiado por la misma entidad llegó en el año 2004, de la mano de Fernando Álamo Torres, que ejecutó el proyecto «Propuesta de adaptación a Sistema de Información Geográfica de la información contenida en los inventarios y cartas arqueológicas municipales de la isla de La Gomera6».

Desde el año 2000 y hasta el día en que escribimos el presente texto, la Unidad de Patrimonio Histórico del Cabildo de La Gomera ha ido reuniendo datos sobre nuevos yacimientos (IPAILG). Esta información procede de salidas puntuales a terreno para la realización de informes técnicos7 y reúne además, información aportada por fuentes bibliográficas/documentales y sobre todo, por informantes locales. En este sentido, cabe destacar que la apertura del Museo Arqueológico de La Gomera (año 2007) ha supuesto un referente, a través del cual se ha ido vehiculando esta colaboración vecinal. Hoy se reúnen sobre los 1.000 registros, con datos sobre distintos lugares arqueológicos o potencialmente arqueológicos; de ellos, solo aproximadamente la mitad pasarán a los inventarios arqueológicos, pues disponemos sobre ellos datos totalmente fiables y por encima de todo, de una localización contrastada.

Figura 6. Orientación y desplazamiento de arqueólogos en Juel, durante las prospecciones municipales de Hermigua (Prored Soc. Coop. 2016). Dependiendo de distintas variables geográficas, administrativas, culturales, etc., el espacio para prospectar debe dividirse y, si fuera necesario, subdividirse con el fin de facilitar la culminación de la prospección.

El Ayuntamiento de Hermigua fue el primero en retomar los inventarios arqueológicos municipales en 2016, recibiendo para ello ayuda financiera de la Fundación CajaCanarias. Este proyecto tuvo un significado especial por varios motivos. Se retomaban los inventarios municipales 20 años más tarde; se aplicaron mejoras en el método de campo que incorporaba los avances tecnológicos del momento: planificación, recogida de información, cartografía digital, nuevas fichas descriptivas, etc. Este proyecto lo llevó a cabo la empresa Prored Soc. Coop., que contó con profesionales de la isla. Un año más tarde, en 2017, se sumó Agulo con la misma fuente financiera: los resultados fueron mejorados.

En el año 2019, la misma empresa y el mismo equipo acometió el proyecto denominado «Prospecciones arqueológicas T.M. de San Sebastián de La Gomera, Fase 1», que abarcó la cuenca de Benchijigua, Barranco de Santiago y Lomada de Tecina (la financiación corría a cargo de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias). No nos cabe duda de que San Sebastián es el municipio más complejo de la isla, no solo por su extensión, sino por lo abrupto de su geografía disponiendo además de grandes zonas con escasas y difíciles comunicaciones. A grandes rasgos, ni la geomorfología, ni la botánica, ni el clima son uniformes a lo largo de todo el territorio municipal, lo que establece grandes cambios en el mismo.

Figura 7. En La Gomera pocas veces puede aplicarse, durante una prospección arqueológica, la disposición del personal en línea, tal como indican los manuales de arqueología más extendidos. Pero, a pesar de la geografía gomera, limitándonos a espacios acotados y en condiciones determinadas, sí hemos podido hacerlo: Prospecciones arqueológicas en las zonas de Parque Nacional Garajonay afectadas por el incendio de agosto de 2012.

Dos años más tarde, en 2021, se llevó a cabo una segunda fase de prospecciones arqueológicas del municipio de San Sebastián de La Gomera. El título del proyecto era algo más rimbombante: «Elaboración de los inventarios arqueológico y etnográfico de los bienes del Patrimonio Cultural de la isla de La Gomera». Bajo la dirección de la empresa Prored Soc Coop. y la misma financiación de 2019, se prospectó todo el espacio entre la Lomada de Tecina y el Barranco de Juan de Vera, además de otras pequeñas áreas distribuidas por distintos municipios. Asimismo, se compiló todo lo realizado hasta ese momento, integrando otros proyectos llevados a cabo en la isla en los últimos años. La empresa Servicios Integrales de Patrimonio (Arqueometra), junto con Prored Soc. Coop. reunió, informatizó y cartografió esa extensa relación de yacimientos arqueológicos y lugares de interés etnográfico.

Queda mucho trabajo por hacer. Primero, debemos acabar el inventario arqueológico municipal de San Sebastián de La Gomera. Por lo menos, la mitad de su superficie no ha sido aún inventariada, ¡y esto es casi un cuarto de isla!.

Teniendo esto en cuenta, el número total de yacimientos inventariados a día de hoy, La Gomera ronda los 1.500 yacimientos arqueológicos. Pero esta cifra es engañosa si no tenemos en cuenta que hay yacimientos que contienen una sola unidad8 y hay otros que poseen más de un centenar de unidades. Por otro lado, es probable que la isla de La Gomera disponga de un número de unidades algo superior a las 4.000 (si la media es de 2 o 3 unidades por conjunto).

Figura 8. La extensión del municipio de San Sebastián de La Gomera en su sector más meridional,
y sus características geográficas, lo convierten en uno de los municipios con mayor dificultad
para la prospección arqueológica de todo el archipiélago canario.

Por municipios, destaca en primer lugar San Sebastián (113,6 km²), que solamente con la mitad sur inventariada ya arroja una cifra de 701 yacimientos arqueológicos, casi la mitad del total de la isla. También debemos destacar que es el municipio mejor conocido, y que posiblemente su mitad norte no disponga de tantos lugares arqueológicos como la parte ya inventariada.

En número de yacimientos, le sigue a mucha distancia Vallehermoso (109,3 km²) con 297 yacimientos, si bien debemos señalar que la mayoría de ellos están emplazados en el sector sur del municipio; y sobre todo, Alajeró (49,42 km²), que con 253 yacimientos dispone de una densidad de lugares arqueológicos notable. Valle Gran Rey (32,36 km²) queda algo descolgado con 96 yacimientos arqueológicos, a pesar de su importancia histórica; y a bastante distancia están Hermigua (39,67 km²), con 44 yacimientos arqueológicos y Agulo (25,39 km²), con 39 yacimientos arqueológicos. Estos dos municipios norteños -Hermigua y Agulo- tienen, además, buena parte de su superficie ocupada por el monte, una zona que no era habitada de forma permanente por la antigua población gomera, lo que aclara las cifras a pesar de haber sido bien prospectados.

Las condiciones de los trabajos realizados durante 1994 y 1996 explican, de alguna manera, que hoy sepamos que en estos tres municipios el número real de yacimientos arqueológicos esté por encima del número que se logró detectar. En realidad, los objetivos eran distintos de aquellos que guiaron los trabajos entre 2016 y 2021. A este respecto hubo cambios que vinieron dados por la experiencia acumulada, el mayor conocimiento del territorio, la mejora metodológica y sobre todo los avances tecnológicos. Navarro Mederos señala «toda investigación es hija de su tiempo».

Figura 9a. Una mayor inversión de tiempo y esfuerzo en la preparación de las estrategias, con el fin de elevar el grado de eficacia de la prospección arqueológica, es uno de los grandes cambios respecto a proyectos anteriores. Preparación de las prospecciones en el municipio de Hermigua (Prored Soc.Coop. 2016).

Por este motivo y en relación a la pregunta inicial, se aconseja no dejarnos llevar por los números, que deben ser solo orientativos. Las cantidades dejan entrever, por ejemplo, el peso del sur de la isla respecto al norte, en la vida aborigen; la espesura del monte que bajaba hacia el litoral bastante más que ahora, la difícil topografía, la ausencia de territorios llanos o de costas amplias y accesibles, etc., podría explicar esta circunstancia. Otra cuestión muy evidente es que las antiguas comunidades insulares usaban con diferentes fines todo el espacio insular, desde la costa hasta la cima más alta pasando por toda la masa boscosa que hoy es parque nacional.

Figura 9b. Una mayor inversión de tiempo y esfuerzo en la preparación de las estrategias, con el fin de elevar el grado de eficacia de la prospección arqueológica, es uno de los grandes cambios respecto a proyectos anteriores. Preparación de las prospecciones en el municipio de Hermigua (Prored Soc.Coop. 2016).

Finalizamos estas líneas retomando lo ya escrito sobre el sentido del Inventario de Patrimonio Arqueológico Inmueble del Cabildo Insular de la Gomera (IPAILG); esto es, ser un repositorio dinámico, donde se vayan reuniendo todos los datos sobre la arqueología inmueble de la isla. Con las nuevas aportaciones se enriquece, corrige o ajusta el Inventario y, lentamente mejora el conocimiento que tenemos sobre el pasado de la isla. Por tanto, en su naturaleza está la dificultad para dar una respuesta definitiva a la pregunta que encabeza el presente texto. La arqueología de La Gomera está viva.

Figura 10. Muchos yacimientos son incorporados al IPAILG a partir de las noticias transmitidas por la comunidad gomera. La Cañada de La Fuentita es un pequeño panel de grabados alfabéticos lÍbico-bereberes, que se inserta a su vez en un conjunto arqueológico de mayores dimensiones. Fue descubierto por Tomás Vicente Jerez Reyes, vecino de la isla, e incorporado al IPAILG en el año 2012.

1 Aclaremos solo a este respecto lo siguiente: Una unidad puede ser un conchero, una cueva funeraria o un panel de grabados rupestres; es decir, generalmente la unidad se define por un solo contenedor o marco, que con cierta compacidad acoge un tipo de yacimiento. Pero las variaciones son muchas. Un conjunto comprende varias unidades que se encuentran muy próximas; también pueden ser unidades de distinta naturaleza. A veces, por las razones que sea, aparecen unidades aisladas, sin aparente conexión a otras unidades; en estos casos el yacimiento contiene una sola unidad. En síntesis: «yacimiento arqueológico» es sinónimo tanto de «conjunto arqueológico» como de «unidad arqueológica» aislada.

2 El presente texto no busca tratar exhaustivamente todos los proyectos arqueológicos desarrollados en la isla, que hayan implicado prospecciones arqueológicas. Sí, los más importantes.

3 En los años 2007-2008 la empresa andaluza NEREA Arqueología Subacuática S.A. abordó una serie de prospecciones financiadas por el Ministerio de Cultura (IPHE). Al desconocer la arqueología insular acabaron encontrando yacimientos arqueológicos que no eran tales, y sin embargo, pasaron por alto otros que sí lo eran.  

4 En esta época el autor ya subrayaba la importancia de la necesaria interacción de la arqueología con la comunidad, recogiendo muchos testimonios orales en los que descansó parte de su trabajo.

5  El equipo profesional implicado en estas prospecciones era similar al que participara en 1994 del anterior proyecto y posteriormente, en las excavaciones y prospecciones en el Parque Nacional Garajonay de 2002 y 2004. El proyecto de 1994 y sobre todo, los de 1994-1996 fueron un campo de aprendizaje que tuvo su respaldo en el enorme esfuerzo de un equipo dirigido por Navarro Mederos. A estas personas se añadieron otras de las que recibimos ayuda en intensas jornadas de campo.  

6 Podríamos decir que un yacimiento arqueológico sin una posición exacta en el territorio (su georreferencia), es casi como si no existiera para la gestión (o si se quiere, para la administración municipal, insular, regional o estatal), aunque sí para la investigación. Por ejemplo, los vecinos y vecinas de la isla han comunicado la existencia de yacimientos hoy desaparecidos por obras realizadas en los años 60, 70 y 80.  En estos casos, tendríamos una localización aproximada: donde está la obra estaba el yacimiento. Sin embargo, hay otros casos con datos geográficos imprecisos, pero fundamentados en una experiencia directa: «los guanches hacían hoyos, se metían dentro y después jalaban una laja poco a poco hasta taparse; se dejaban morir de hambre, huyendo» (testimonio de Francisco Vera Vera, Chijeré. En Perera López, 2005, vol. 25). La información en este caso no parece tener mucho interés para la gestión, pero obviamente sí es valiosa para la investigación.

 7 Una herramienta imprescindible en una prospección arqueológica es el mapa. Sin un mapa no sabríamos abordar el territorio, no podríamos señalar qué hemos visto y lo más importante: no podríamos emplazar los yacimientos. Cuando prospectábamos hace 20 años, empleábamos enormes mapas de papel plagados de imprecisiones y con una toponimia que casi nunca ayudaba. Los mapas han ido mejorando mucho con el tiempo y la precisión que alcanza hoy la cartografía digital era inimaginable en los años 90. Pero no solo es la información cartográfica, también han cambiado las herramientas que nos ayudan en campo (¿quién no conoce hoy los GPS?) y en laboratorio (los Sistemas de Información Geográficos, las ortofotos, etc.). El proyecto señalado supuso la concreción de avances que venían dándose tiempo atrás.

 8 Por ejemplo, junto con la Universidad de La Laguna en el proyecto: «Inventario Arqueológico y su aplicación a la conservación e incorporación a los programas interpretativos del Parque Nacional del Garajonay. Prospecciones arqueológicas 2002-2004», o en el proyecto «Prospecciones arqueológicas en las zonas de Parque Nacional Garajonay afectadas por el incendio de agosto de 2012».

Hernández Marrero, J.C., Navarro Mederos, J.F. (2008): «El territorio de los antiguos gomeros». VI Congreso de Patrimonio Histórico: Arqueología en Canarias: Territorio y Sociedad. Arrecife, Lanzarote:

Navarro Mederos, J. F. (1992): Los gomeros. Una prehistoria insular. Estudios Prehispánicos nº1, Dirección General de Patrimonio Histórico, Gobierno de Canarias, Santa Cruz de Tenerife.

– (2016) «Arqueología en la Gomera: lo que va de ayer a hoy». Capítulo 1 del libro La Gomera: entre bosques y taparuchas, Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, Actas XI Semana Científica Telesforo Bravo. Puerto de La Cruz, Tenerife (Islas Canarias):

Navarro Mederos, J. F., Hernández Marrero, J. C., C. M. Hernández Gómez, V. Alberto Barroso, A. Barro Rois, E. Borges Domínguez. (2002): «El diezmo de Orahan: los conjuntos de aras de sacrificio en la isla de La Gomera» Tabona, 10:

Perera López, José (2005): Un estudio sobre los nombres de lugar, las voces indígenas y los nombres de plantas animales y hongos de La Gomera. Edita AIDE

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