La catedrática de Historia del Arte es la comisaria de la exposición que reúne más 60 obras del pintor con motivo de su tricentenario, organizada por la Viceconsejería de Cultura y Patrimonio
La catedrática de Historia del Arte es la comisaria de la exposición que reúne más 60 obras del pintor con motivo de su tricentenario, organizada por la Viceconsejería de Cultura y Patrimonio
La catedrática en Historia del Arte por la Universidad de La Laguna, Margarita Rodríguez González, lleva más de cuarenta años dedicando su vida profesional a los estudios de las artes plásticas de la época Moderna, especialmente a la pintura de los siglos XVII y XVIII (fig. 1).
Su conocimiento sobre artistas como Juan de Miranda, la han convertido en comisaria de la exposición Juan de Miranda lo pintó, la travesía de un artista canario entre el Barroco y la Ilustración, organizada por la Viceconsejería de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, en el marco del tricentenario de Juan de Miranda (1723-1805).
La muestra, inaugurada con éxito en Madrid, reúne más de sesenta piezas del pintor, cedidas por coleccionistas y otras instituciones públicas y privadas, con la intención de recuperar y visibilizar su figura y obra. Realizamos esta entrevista al tiempo de la apertura de dicha exposición en el Museo Lázaro Galdiano, a finales del mes de septiembre de 2023.
Para ponernos en contexto, ¿quién fue Juan de Miranda?
Juan de Miranda es un pintor canario, concretamente, grancanario (fig. 2). Nació en el barrio comercial de Triana y allí desarrolló toda su actividad de juventud hasta que años después, en torno a la década de los años cuarenta, se estableció puntualmente en Tenerife. Circunstancias personales le llevaron a enfrentarse a la justicia y terminó preso. A pesar de los esfuerzos que hizo por no permanecer en prisión, primero en Tenerife y luego en Gran Canaria, acabó finalmente en Orán, en el norte de África. Allí no solo tuvo la oportunidad o la desgracia de ir destinado como gastador, sino que al mismo tiempo, pudo aprender de todo un patrimonio que había sido llevado mayoritariamente desde la península, desde la zona del Levante, y que lamentablemente hoy no podemos observar porque el terremoto de los años noventa en Orán destruyó esta plaza que era tan rica, patrimonialmente hablando.

Más tarde, se trasladó al Levante donde residió una temporada y se granjeó el prestigio de la alta sociedad, la alta burguesía y también, aspirantes a la aristocracia, por decirlo de alguna manera. Después de esa estancia, su periplo peninsular está todavía en una cierta nebulosa. La pintura que afrontó luego demuestra un contacto con los talleres de la Villa y Corte, es decir, de Madrid, y manifiesta igualmente contactos con la pintura andaluza.
Regresa a las islas en los años sesenta y, precisamente, uno de los cuadros que pintó entonces es protagonista de esta exposición. La Adoración de los Pastores (Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, Santa Cruz de Tenerife) fue su carta de presentación a la sociedad isleña, de modo y manera que es uno de los pocos cuadros que está firmado. De ella se ha tomado el título de la exposición, porque él, en este amplio lienzo, escribe «Juan de Miranda Lo Pintó», para dejar claro quién era en aquellos momentos.
En Canarias, tuvo la oportunidad de establecerse en distintos puntos de la isla de Tenerife, pero es un pintor viajero. Está continuamente viajando entre su isla natal, Gran Canaria, y Tenerife, y también tuvo incursiones o estancias temporales en Lanzarote y Fuerteventura. Al final de sus días reside entre las dos islas que históricamente hemos llamado capitalinas. Aunque Gran Canaria es su tierra natal, Tenerife es territorio proclive para su familia y el trabajo cotidiano con los pinceles, porque fue allí donde se granjeó una clientela amplia tras regresar al archipiélago.
A principios del siglo XIX, cuando contaba más de ochenta años, decidió viajar a la isla de Madeira y establecerse allí. No sabemos exactamente si se trasladó físicamente, pero declara que se quería ir a vivir a Madeira en aquellos momentos. Ignoramos si efectivamente ocurrió así, porque a los dos años de producirse esa intención, que es en torno a 1802, lo vemos residiendo, que no avecindado, en Santa Cruz de Tenerife. Moriría tres años después, en esa ciudad.
Como has mencionado, la obra Adoración de los Pastores es una pieza clave de esta exposición que fue inaugurada en el año 2023 en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, ¿pero cómo se ideó el discurso museográfico?
En primer lugar, lo que hay que decir es que, como un pintor de su tiempo, nos vamos a encontrar una producción mayoritariamente determinada por la pintura religiosa, al formar parte de una monarquía confesional, y por el retrato, que es una necesidad social. Miranda hizo también algunas incursiones en el mundo de la alegoría, a menudo con éxito. Organizamos la exposición en función de esos tres aspectos (fig. 3).

Hemos querido hacer un introito con obras puntuales que marcan distintos puntos o hitos de su trayectoria profesional. Un segundo espacio, que denominamos «índice», o varios representativos de las siguientes salas expositivas se dedican a temas comunes, es decir, pintura religiosa y retratística. Después, nos encontramos un espacio dedicado en primera instancia al retrato: aristócratas, burgueses y alto clero. También hay una sala dedicada de modo monográfico a la Inmaculada, porque debe tenerse en cuenta que durante el reinado de Carlos III, ese título mariano recobra importancia y, gracias a la mediación del monarca y de sus agentes en Roma, se convierte en patrona de España. Todos los pintores de aquella época homenajean constantemente a la Inmaculada, y nos pareció importante desarrollar este asunto o temática con autonomía. Más adelante tenemos una sala donde tratamos la vida pública y la infancia de Jesús. Y finalmente, en la planta superior, se dedica un espacio a lo que hemos llamado el retrato religioso, porque Miranda no es un pintor proclive a representaciones religiosas dramáticas y, cuando lo hace, en la exposición hay dos ejemplos, es por puro encargo (fig. 4). De resto, él trata las representaciones de los santos como si de retratos civiles se tratase.

¿Cómo es esa pintura de Miranda? ¿Qué lo diferencia de otros pintores de la época?
Miranda es bueno en pintura cuando uno lo lee globalmente y de manera general, pero en el siglo XXI, centurias después, nos atrae también el Miranda de los detalles y de los segundos planos. Cuando tiene que pintar a los protagonistas está coartado por la sociedad de su tiempo. Cuando tiene que rellenar composiciones ampliamente narrativas, lo que hace es detenerse en toda una serie de elementos que por sí son secundarios desde el punto de vista de los temas, pero para nosotros revelan una importancia extrema. Eso se puede ver especialmente en obras de gran formato como la Entrada de Jesús en Jerusalén y la Expulsión de los mercaderes del Templo (ambas, en el Museo de Bellas Artes, Santa Cruz de Tenerife) (fig. 5) o en la Conversión de la Magdalena (depositada en el Museo de Arte Sacro, Teguise).

Luego, respecto al retrato, tenemos el que hasta ahora debemos considerar el mejor retrato de Juan de Miranda, que es el retrato de Felipe Machado Espínola y Lugo (Colección Machado, La Orotava), un regidor perpetuo de la isla de Tenerife. Se trata de un cuadro casi monocromo, pero es un retrato parlante, es decir, está definiendo quién es el personaje con su bastón de mando, el traje aterciopelado en negro, la insignia que informa sobre su pertenencia a la Orden de Calatrava o el cortinaje al fondo (fig. 6).

En este sentido, ¿cuáles diría que son las obras más representativas de la pintura de Miranda?
Sobre todo las pinturas donde hay un gran desarrollo escénico de los personajes, del paisaje, etc. Ejemplo claro de ello es la Adoración de los Pastores antes mencionada, porque, a pesar de haber tenido una vida terrible con dos intervenciones que han mediatizado lo que podemos ver ahora, parece que Miranda, en un cuadro de más de ocho metros cuadrados, ha querido transmitir algo que necesariamente tuvo que conocer en la Península. Abordó este encargo como si se tratase de una pintura mural llevada al lienzo. Normalmente, la adoración a los pastores suele ser un pasaje muy íntimo, como el que aparece allí en un extremo, pero él luego coloca toda una corte de escenas mayoritariamente angelicales que nos hacen pensar que tuvo que ver eso, pero en muros, para aprender, porque ese bagaje no es acorde a la plástica anterior o coetánea de Canarias.
Otras piezas importantes, cuantitativa y cualitativamente hablando, pero que pueden pasar desapercibidas al espectador, son los cuadros de pequeño formato. No debe olvidarse que trabajó mucho para colecciones privadas y, por tanto, son cuadros domésticos (fig. 7).

Por otro lado, rasgos como una pincelada absolutamente suelta, el dominio del pincel y la paleta, y la ausencia del dibujo en Miranda que tanto lo caracterizan están presentes en muchas piezas que conforman la muestra. Ejemplo de ello son sus Inmaculadas bajo una representación iconográfica que se repite con pocos cambios, pero en el lienzo propiedad de la Casa de Colón y en el conocido hasta ahora como la Inmaculada y España o la Purísima y España (Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, Santa Cruz de Tenerife), que preferimos denominar Mater Immaculata, aparece representada una Inmaculada que no tiene nada que ver con el resto. Es una Inmaculada mayestática, que protege la alegoría de España y, a su vez, está acompañada por la alegoría de las artes en la parte baja y por escenas secundarias pero terriblemente sugerentes, escenas bíblicas que nos hablan de todo lo que es el pensamiento sobre la Inmaculada Concepción o la Concepción Inmaculada de la Virgen (fig. 8).

Hablando de la propiedad de las obras, se han seleccionado obras de propiedad pública, privada o de la Iglesia, ¿cierto?
Yo creo que todavía quedan por investigar y descubrir muchas obras, pero sospecho que hay más trabajos de Miranda en colección particular que en la Iglesia. De todas maneras, existe pintura suya en varios templos, sobre todo en Tenerife y en Gran Canaria. En lo relativo a Gran Canaria, por ejemplo, excelentes creaciones del artista pueden contemplarse en la Catedral de Santa Ana o el oratorio del palacio episcopal situado en la Plaza de Santa Ana, donde sigue conservándose una espléndida Sagrada Familia que hemos incluido en la exposición (fig. 9). En lo relativo a Tenerife, por problemas espaciales no hemos traído a Madrid grandes cuadros de la vida pública de Jesús, que seguramente se incorporarán cuando la exposición pase por las islas, específicamente por Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura.

Es la primera vez que el Gobierno de Canarias restaura tantas obras de Juan de Miranda, más de veinte, ¿cómo ha sido también este importante proceso?
El Gobierno de Canarias y los Cabildos de Tenerife y Gran Canaria han hecho un esfuerzo tremendo por intervenir y restaurar el patrimonio. En la exposición hay una serie de fotos que insisten en la conveniencia y el acierto de dichos procesos de restauración. He de decir que no solamente las instituciones han restaurado, ya que a título particular algunos propietarios han decidido intervenir sus obras de Miranda. Al final, lo que reunimos aquí es suficientemente representativo del trabajo acometido durante los últimos meses. En todo caso, de la misma manera que en otras ocasiones tuvimos peros a la hora de montar una exposición de tanto alcance, la recuperación del patrimonio ha sido muy importante para nuestro proyecto. En ese sentido, la población en general debe ser consciente de que esto es una herencia que tenemos en usufructo y que estamos obligados a conservar y no a malversar, como en muchas ocasiones se ha hecho. Ahora que disponemos de normativas específicas, de profesionales y de instituciones que apoyan procesos de esta naturaleza, hay que aprovecharlo. Ha sido un periplo económico y cultural muy importante.
¿Qué ha supuesto para usted, como comisaria, recuperar la figura de Juan de Miranda a través de esta exposición?
Para mí supone una alegría, una alegría profesional. Desde que hice mi tesis doctoral sobre pintura en Canarias durante el siglo XVIII, Miranda ha estado presente en mi actividad investigadora. En los años noventa del siglo pasado tuve la oportunidad de hacer una exposición infinitamente más pequeña en la Casa de Colón (Las Palmas de Gran Canaria) y en la entonces Caja de Ahorros (Santa Cruz de Tenerife), con obras muy significativas de Miranda. Ahora, cuando se cumplen los trescientos años de su natalicio, para mí es un motivo de orgullo y satisfacción estar involucrada en la organización de una muestra tan relevante.

Sin embargo, hay que decir que no es una obra exclusiva de Margarita Rodríguez. La exposición y cuanto deriva de ella es reflejo de la labor de un conjunto de personas, de profesionales de distinto ámbito y de políticos e instituciones que han apostado por un pintor que muchas veces, igual que tantos otros, no está tan cerca de ellos (fig. 10). La conmemoración de una efeméride como el tricentenario es la manera de «ponérselo en bandeja», por usar un término coloquial.








