FRANCISCO JAVIER GARCÍA VEGA, NIEVES LUISA CABRERA CASTRO, DOMINGO JOSÉ CABRERA BENÍTEZ, GLORIA RUIZ-OLIVARES MASCARAQUE
FRANCISCO JAVIER GARCÍA VEGA, NIEVES LUISA CABRERA CASTRO, DOMINGO JOSÉ CABRERA BENÍTEZ, GLORIA RUIZ-OLIVARES MASCARAQUE
La tipología de techumbres mudéjares de la Iglesia de San Andrés Apóstol forma parte de la tradición constructiva en Canarias, desde los tiempos de la conquista. La singularidad de la existente en el presbiterio estriba en la distancia temporal entre su construcción y su policromía, que propicia una decoración híbrida entre elementos inspirados en el ornato de las techumbres de la Iglesia del Salvador y los realizados a principios del siglo XX, coetáneos a su época (lámina 1). Los trabajos de restauración de la techumbre se realizaron entre los meses de octubre de 2022 y febrero de 20231.
Descripción formal de la techumbre
Se trata de un bello ejemplar de armadura de par y nudillo, en forma de artesa invertida, datado en la segunda mitad del siglo XVII, sustituyendo probablemente a una cubierta anterior. Esta tipología de armadura de tradición hispano-árabe está formada por cuatro aguas, que cubren el espacio rectangular de la sala mediante dos gualderas de mayor longitud y dos testeros. La estructura básica se compone de los estribos de apoyo, sobre los que se encastran unos pares que, a su vez, descansan sobre la hilera en coronación. Para evitar el pandeo de los pares y acortar la luz de los mismos, se introduce la solución constructiva de añadir la pieza de nudillo, que evoluciona hasta formar el almizate o harneruelo. Esta pieza muestra decoración con lacería y motivos vegetales, siendo el elemento más vistoso de toda la obra (fig. 2).

La solución constructiva de la armadura a cuatro aguas se resuelve en sus encuentros mediante limas moamares, que al tener las limas desdobladas permite la construcción del conjunto mediante paños independientes (dos gualderas, dos testeros y almizate). La sucesión de pares o alfardas es cubierta mediante la tablazón del trasdós y, para evitar la aparición de huecos entre dicha tablazón y los pares, las cintas se disponen en sentido perpendicular a los pares, a modo de tapajuntas. El harneruelo o almizate presenta la decoración usual de estrellas de ocho puntas con rosetas o flores de ocho gallones, insertas en su sino, con pinjante central y entramado de lacería en forma de crucetas con labor de agramilado, motivo decorativo que se repite en los cuadrales de la techumbre.
Entre los ejemplares de armaduras existentes en Canarias, el uso de la estrella de ocho puntas alternada con crucetas está muy extendido. Ocurre así en las armaduras de las capillas colaterales de la Iglesia de San Andrés, así como en las techumbres de la Iglesia del Salvador en Santa Cruz de La Palma, de los siglos XVI y XVII, cuya decoración de lazo se extiende por faldones, tirantes y cuadrales; o la de la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias (Los Llanos de Aridane), con ligeras variantes, como es el uso de rosetas de hoja de acantos y el florón central, de finales del siglo XVII o principios de la siguiente centuria. Dentro del universo mudéjar, estos elementos decorativos básicos se integran con formas variadas procedentes del vasto imaginario clásico, dando como resultado diferentes combinaciones ornamentales.
Antecedentes históricos y autoría2
La Iglesia de San Andrés es uno de los templos más antiguos de La Palma, ya que en 1515 obtiene el grado de iglesia parroquial. Su fundación se debió realizar entre finales del siglo XV y 1503, aunque el historiador Pérez Morera apunta que puede datar de finales del siglo XV. En el siglo XVII, se realizaron obras de singular importancia, reformándose la cabecera y construyéndose sendas capillas de planta rectangular adosadas al presbiterio, lo que configuró su planta en forma de cruz latina. El presbítero don Andrés Hernández Bautista, según se desprende de su testamento, fundó la capilla del lado de evangelio hacia el año 1632, denominada capilla de Nuestra Señora de la Victoria, que fue reedificada en 1691, mientras que la de la epístola (capilla de Nuestra Señora del Rosario) se erigió a cargo del beneficiado don Matías Abreu en 1688. La construcción de la capilla del Rosario afectó a la sacristía, edificándose sobre ella una torre con campanario de cinco pisos, que alojaba a la misma en el segundo cuerpo. Las obras también fueron financiadas por don Matías Abreu, nombrado en 1676, mayordomo de fábrica. Tras la terminación de la capilla del Rosario se decidió levantar la fábrica del presbiterio, añadiendo al arco toral gótico plintos y capiteles para elevar la fábrica. Lo mismo se hizo en la capilla de la Victoria, que se reedificó entonces, sustituyéndose el arco y elevando los muros para igualarlos al resto de la cabecera. Los trabajos fueron ejecutados por el cantero Agustín Hernández y el carpintero Amaro Fernández de León, cuyos pagos se registran en el libro de cuentas del licenciado Andrés Fernández Bautista, el 30 de abril de 1691 (Fraga, 1977: 1913; Batista y Hernández, 2001: 91-93; Pérez, 2017: 234-238).
Hasta la fecha no se ha podido confirmar la autoría de la techumbre del presbiterio, debido a la falta de documentación histórica. Su ejecución ha sido atribuida al carpintero Marcos Hernández, quien trabajó en las obras de la capilla mayor en 1666 (Fraga, 1977: 190; Batista y Hernández, 2001: 92; Marrero, 2017: 67), y al carpintero Amaro Fernández de León, quien participó en la reconstrucción de la cabecera de la iglesia, incluyendo la reedificación de la capilla de la Victoria realizada en 1691 (Pérez, 2017: 238). Pérez Morera le atribuye su autoría basándose en las similitudes existentes entre las techumbres del presbiterio, las capillas colaterales y la sacristía. Sin embargo, no se debe pasar por alto un dato como es el alargamiento del presbiterio en 1790 (Fraga, 1977: 191; Batista y Hernández, 2001: 93). Esta intervención, si es que se produjo, necesariamente debió conllevar la modificación de la armadura existente (Marrero, 2017: 67) o la construcción de una nueva techumbre al aumentar el perímetro del presbiterio. En ese sentido, durante los trabajos de restauración no se han encontrado evidencias físicas que denoten modificaciones en su estructura. Futuras investigaciones sobre la historia material de la iglesia podrán aclarar las dudas existentes al respecto.
Policromía

En origen, la techumbre se dejó en blanco, probablemente por falta de recursos económicos. Hasta 1904 no se realiza su policromía a cargo del artista Luis Paz Pérez (1883-19334), tal y como reza en la inscripción sobre el arrocabe: «Pintado por Luis Paz Pérez en 1904» (fig. 3). Dicho autor utiliza una paleta cromática variada, compuesta por las siguientes tonalidades: salmón claro, naranja, siena tostado, amarillo, verde, azul, blanco y negro. De la analítica realizada, se desprende que tanto la base de preparación como la capa de color aplicada son al temple, utilizándose pigmentos como el ultramar artificial para el azul y para el rojo, el minio de plomo (fig. 4). Se trata de un estilo muy suelto bajo trazos lineales, que repite la trama seriada del artesonado con una visión diferente a su construcción original. Para ejemplificar este hecho, si observamos la policromía realizada por Paz Pérez en el almizate y los cuadrales, comprobamos que, al tratarse de una trama geométrica, se ha limitado a aplicar colores planos distribuidos como elementos repetitivos. Con el mismo sentido, pero con mayor libertad creativa, desarrolla en los casetones de la tablazón un programa que, aunque a primera vista parece seriado, no lo es, pues los motivos pintados, a pesar de su parecido, son diferentes entre sí.

La decoración pictórica lineal desarrollada en gualderas y testeros se aplicó sobre un fondo de preparación salmón claro, que resalta los motivos al tiempo que unifica el conjunto. En el caso concreto del arrocabe, Paz Pérez aplica colores planos en siena tostada, amarillo y azul. Destacan los elementos vegetales realizados a base de curvas y contra curvas (roleos), las flores y los soles (fig. 1). La decoración desarrollada en la techumbre del presbiterio de San Andrés denota una clara influencia del estilo de Ubaldo Bordanova y de los motivos decorativos existentes en las techumbres de la Iglesia del Salvador, aunque ejecutados de una manera más libre y sin la pericia de aquel maestro e instructor suyo. El grueso de la decoración está formado por diferentes roleos, muy estilizados. Destaca la presencia de flores abiertas, motivo también recurrente en las techumbres del Salvador. Junto a estos elementos encontramos soles, representaciones abstractas y caricaturescas de gran modernidad, como el rostro que aparece en el faldón del arco toral entre elementos vegetales o el representado en el faldón de la epístola (fig. 5).

Al no existir una policromía anterior, Paz Pérez se tomó ciertas licencias a la hora de incluir motivos abstractos o caricaturescos en la decoración de los faldones, más propios de su época. Sus pinceladas no van al detalle, sabe que la obra se contemplará a cierta distancia y lo que buscaba era el efecto que le había maravillado, probablemente al ver las techumbres mudéjares de La Parroquia del Salvador, de Santa Cruz de La Palma, o las que existían en El Real Santuario de Las Nieves (fig. 6).

Otra obra firmada por nuestro artista, además de la policromía de la techumbre de San Andrés, es la decoración de la denominada Casa Roja, perteneciente a la familia del indiano Leopoldo Pérez Díaz en la Villa de Mazo. La autoría de la intervención se halla inscrita en una puerta del segundo piso de entrada al comedor, realizada en grafito: «Luis de Paz Perez pinto y decoro [esta] casa en el / año de 1911». La figura de este pintor y el corpus de su obra han sido estudiados con anterioridad por los investigadores Víctor Hernández Correa y Manuel Poggio Capote, quienes pusieron a nuestra disposición su obra inédita Bordanova: el arte decorativo en los albores del Novecientos (2010). Así averiguamos que Paz Pérez, apodado Luis Latora, fue discípulo del artista madrileño afincado en La Palma, Ubaldo Bordanova, con quien colaboró en la restauración de la Iglesia del Salvador siendo apenas un muchacho. También trabajó en el estudio fotográfico de Miguel Brito Rodríguez Fotógrafos y Dibujantes, situado en la denominada antiguamente calle Cuna (Poggio et alt., 2019: 210).
En 1903, Paz Pérez viajó con Bordanova a Fuencaliente para decorar la bóveda de la capilla mayor de la Iglesia de San Antonio Abad. Terminados esos trabajos, acometió la pintura de la techumbre de San Andrés. Por testimonios orales recogidos por los investigadores Víctor Hernández Correa y Manuel Poggio Capote, se le atribuyen diversos trabajos en domicilios de La Palma, con pinturas decorativas a base de jaspeados e imitaciones marmóreas, decoración muy en boga en aquella época. En Santa Cruz de La Palma decoró varias casas con motivos costumbristas, actualmente desaparecidas, entre ellas las situadas en la calle San Sebastián nº 25 y Francisco Abreu nº 2, encargadas por José Hernández Martín. Según dichos autores, también se podría vincular a este pintor con la decoración de Casas Amador, local comercial situado en la calle Pérez Brito, nº 12. Se le adjudica igualmente, a través de la memoria oral, la decoración de varios edificios en la comarca de las Breñas. Otro trabajo que podría atribuírsele es la decoración de la Casa Miranda, en la calle Pérez de Brito nº 8, propiedad de familiares suyos. En 1922, nuestro artista vuelve a intervenir en la Iglesia Matriz del Salvador, llamado por la Cofradía del Santísimo Sacramento, para restaurar «algunas de las pinturas al óleo de las paredes interiores de la citada parroquia, con imitaciones de mármol en sus muros y columnas5.
Estado de conservación de la obra
Existía una suciedad generalizada, con mayor o menor grado de adhesión a la película pictórica. La acumulación era más evidente en las superficies horizontales y el anverso de los elementos, que configuran la estructura de la techumbre (almizate y cuadrales). La armadura presentaba un estado de conservación aceptable a nivel de soporte lígneo y estructura, si bien se apreciaron determinadas disfunciones a nivel superficial en el maderamen. Estas disfunciones se relacionan con las filtraciones de agua procedentes de la cubierta en épocas pasadas, hoy en día solucionadas en la mayor parte de la misma, a excepción del muro de encuentro entre el testero de la iglesia con la torre. Estas filtraciones afectan a la solera y al durmiente en dicho ángulo, produciendo una deformación muy acentuada en las tablas que lo configuran y los consiguientes movimientos de las tablas colindantes, así como la proliferación de hongos y escorrentías, por las cuales se ve afectada la policromía de la zona, inclusive el muro. Las filtraciones de aguas pluviales sufridas, se patentizaban en manchas y cercos de humedad de color negro, que produjeron el desprendimiento y la disolución parcial de los pigmentos que integraban la policromía aplicada en 1904. También se observaron zonas semidesprendidas, donde abundaba la desadherencia de policromía, unida a un cuadro patológico con una generalizada aparición de hongos de pudrición de la madera y ataque de insectos xilófagos, sobre todo en los ángulos de encuentro de los faldones y en los encuentros de las tablazones con las caras internas de los pares. Igualmente, se distinguía una reposición de madera sin policromar en unas entrecalles cercanas a la lima moamar del costado del retablo.
A nivel policromía, el conjunto se mostraba muy distorsionado, debido a las filtraciones ya comentadas, que se traducen en manchas oscuras, decoloraciones y migraciones de los pigmentos integrantes de los colores; disfunciones que eran repartidas aleatoriamente por toda la superficie, emborronando la trama original de la armadura y afectando seriamente a la película de color. La desadherencia y pulverulencia de la capa pictórica es generalizada y mucho más acusada en la tablazón del trasdós de gualderas y testeros (fig. 3). La madera presentaba fendas y grietas en pares y arrocabe, aunque no se apreciaron pérdidas de sección preocupantes, pudiendo afirmar que la estabilidad estructural del conjunto lígneo mantiene suficiente firmeza. También se detectó la decoloración de pigmentos, que han virado con el paso del tiempo a tonalidades más oscuras. Otros, como por ejemplo, los verdes y amarillos, de naturaleza más inestable, han sufrido una decoloración importante. Se aprecia también la existencia de poleas, distribuidas a lo largo de la solera de distintas épocas. En ese mismo sentido se registraron anclajes metálicos, así como soportes de porcelana en desuso, que servían para guiar antiguos tendidos eléctricos, localizados fundamentalmente en el arrocabe.
En relación con los daños antrópicos, debemos constatar incisiones realizadas en la decoración frontal de los cuadrales que enmarcan el retablo, a la vez que infinidad de clavos sin función actual y en desuso. El tipo de madera que configura la mayor parte de la techumbre es la tea (pinus canariensis), lo cual certifica su buen estado de conservación, a pesar de los cambios bruscos de humedad a los que ha sido sometida por las filtraciones constantes de aguas pluviales y la consiguiente aparición de hongos de pudrición de la madera junto a los xilófagos. Algunas piezas decorativas como las flores enmarcadas en estrellas del almizate y cuadrales presentaban ataque de xilófagos, por estar ejecutadas con otra parte del pino canario de fácil talla (con menor densidad resinosa) a la que los carpinteros locales llamaban «pinsapo», mientras que los pinjantes están torneados en madera de tea (fig. 7).

Tratamientos realizados
Antes de iniciar la restauración se tomaron muestras de la policromía, el dorado y la madera, reflejándose su localización precisa en la planimetría (fig. 8).

La consolidación del original se ha realizado mediante aplicación de una resina acrílica (Paraloid B72) disuelta al 8% en White Spirit, confiriendo la correcta saturación de los colores y la fijación de la pintura pulverulenta. La protección del original ha sido decisión prioritaria y crucial tras los ensayos de limpieza físico-química realizados a modo de catas y de manera simultánea a otros procesos.
La limpieza ha consistido en la aspiración general del polvo no adherido con ayuda de brochas planas, penetrando en recovecos, traseras e interiores de elementos de la armadura. En la cara posterior de estos elementos se emplearon cepillos con cerdas de acero inoxidable y aspiración de manera controlada. Por otra parte, propiciamos la eliminación de elementos en desuso y elementos de cableado eléctrico obsoleto. Los utensilios y componentes metálicos existentes se han limpiado con cepillos de acero para eliminar la herrumbre, tratado con inhibidores del hierro (elementos de forja) y de bronce (poleas de latón), para protegerlos finalmente con una resina acrílica, compuesta por aditivos antioxidantes en solución de disolventes orgánicos, utilizada para protección de metales (Incral).
Para la eliminación del deterioro biológico, se ha aplicado un tratamiento de desinsectación curativo-preventivo en toda la madera vista, mediante impregnación e inyección de una solución de Cedria, imprimación tratante insecticida-fungicida al agua, teniendo especial cuidado de no afectar a la policromía. En las zonas atacadas por xilófagos se ha realizado una consolidación del soporte, mediante la aplicación de una resina sintética (Paraloid B-72) disuelta al 10% en disolvente nitrocelulósico.

La intervención en la reintegración tiene como objetivo completar el volumen espacial, y para ello se ha diferenciado entre las hechas con madera curada, en las de mayor pérdida de volumen, y con resina tixotrópica Epo 127 en las pérdidas de soporte de pequeñas dimensiones, relleno de oquedades, fisuras, grietas y fendas. La reintegración de la película pictórica (fig. 9) pudo solventarse mediante retoques velados y reversibles, utilizando colores acrílicos de las marcas Talens y Amsterdam (fig. 10).
NOTAS
1 Los trabajos fueron contratados por el Obispado de Tenerife. El equipo técnico estuvo compuesto por Javier García Vega como coordinador, Nieves Luisa Cabrera Castro como jefa de equipo y los restauradores Domingo José Cabrera Castro, Andrea Díaz Torres, María José Mallart Ortega y Alicia Sacramento Trujillo. Historiadora: Gloria Ruiz-Olivares Mascaraque. Infografía: Francisco Gabriel Bejarano Navajas, restaurador. Carpintería: Airan, RL. Analítica: Enrique Parra Crego. Larco Arte, S.L. Andamios: Máquinas Opein, S.L.U.
2 Queremos agradecer al historiador Antonio Marrero Alberto su colaboración durante los trabajos de investigación sobre la historia material de la Iglesia de San Andrés. Igualmente agradecer a los investigadores Víctor Hernández Correa y Manuel Poggio Capote por darnos acceso a su publicación inédita, pues nos ha permitido profundizar en la figura del pintor y decorador Luis de Paz Pérez, discípulo y amigo del artista Ubaldo Bordanova.
3 La profesora Fraga aporta este dato, pero no hace referencia a la fuente documental.
4 Nació en la calle Tres Codos, en Santa Cruz de La Palma, el 24 de agosto de 1883. Hijo de don Victoriano de Paz, de profesión carpintero, y de doña Luisa Pérez y Pérez, siendo sus abuelos paternos y maternos nacidos en Santa Cruz de La Palma. Fue bautizado el 13 de diciembre del mismo año en la Iglesia del Salvador. Posteriormente, el 13 de abril de 1903, contrajo matrimonio con doña María Luisa Pérez Gutiérrez, natural de Los Llanos de Aridane y vecina de Santa Cruz de La Palma, de 16 años de edad. Actuó como testigo de la boda, el insigne artista madrileño afincando en la ciudad Ubaldo Bordanova. Falleció el 2 de abril de 1933, siendo enterrado al día siguiente en la parroquia del Salvador (Archivo Parroquial del Salvador: libro 31 de bautismos, f. 214; libro 13 de matrimonios, ff. 125-126; libro 25 de entierros, f. 4).
5 Hernández Correa, V. y Poggio Capote, M. (2012): Bordanova: el arte decorativo en los albores del Novecientos [trabajo de investigación inédito].

Bibliografía
Batista Medina, J. A. y Hernández López, N. (2001): San Andrés y Sauces, una mirada a su pasado. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces, La Palma.
Fraga González, M. C. (1977): La arquitectura mudéjar en Canarias. Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife.
Hernández Correa, V. y Poggio Capote, M. (2012): Bordanova: el arte decorativo en los albores del Novecientos [trabajo de investigación inédito].
Marrero Alberto, A. (2017): Techumbres mudéjares policromadas de La Palma: La sala Capitular de la Iglesia de Santo Domingo. Ediciones Cartas Diferentes, Santa Cruz de La Palma.
Pérez Morera, J. (2017): «La Villa de San Andrés (La Palma): Declaración como Conjunto Histórico», Anales de la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, 10: 211-244.
Poggio Capote, M.; Lorenzo Tena, A., Lorenzo Díaz, G., Hernández Correa, V. (2018): «Arquitectura de la imagen fija: El Gabinete Fotográfico de la calle de la Cuna de Santa Cruz de La Palma (1865-1868)» Cartas Diferentes: Revista Canaria de Pat








